HOMBRE PESCADO POR LOBO: un texto del poeta Rodolfo Lozano con motivo del lanzamiento de El Jesús Maorí y otros poemas de James K. Baxter

Hombre pescado por lobo

(sobre el lanzamiento de un guiño)

 

A Hemi

Todo canta. Baxter lo comprueba. Transeúnte cotidiano que se desgrana en las palabras desolvidadas de sus ancestros, va de la evocación a la desavenencia abundante y mágica en donde miedos y riesgos conviven nombrando otros mundos. En la intimidad psíquica de Aotearoa todavía resuena inmanente Hiruharama.

Las lenguas se multiplican en una cuenta larga tejida por hebras de agua humeante, y se reúnen de nuevo atrayéndose entre sí las voces de vivos y renacidos. Hoy, lejos de pensar que las lenguas surgieron de un conjuro de confusiones devenidas de un castigo divino, comprobamos la resurrección babélica de lo inmortal. Los paisajes ancestrales retornan delineando metarrelatos cuya nitidez se superpone a las reglas del juego, con una sustancialidad fugaz, que demuele la razón y su prisa.

James “Hemi” Baxter lo sabía. Nómade del tiempo, su poesía es más que una aparición. Es quizá algo efímero desvaneciéndose en la travesía inherente que colinda con la danza de los péndulos y el laberinto. Cada lengua originaria es la manifestación exuberante de los orígenes presentes y siempre actualizados. Utilizarlas es más que nombrarlas. Es un tránsito de lo molar a lo molecular. Son puente de lo incontado. Las palabras-territorio conforman el tejido sutil de comunicación con los espíritus que rigen en las dimensiones invisibles y que envuelven forma y contenido en esta celebración fenomenológica.

Sin embargo, mientras los discursos de la realidad diversa se complejizan y ganan espacio en academias y foros sobre biopolítica y el uso adecuado de la boñiga del ganado en la elaboración de fuegos limpios, la maquinaria arrolla con su desarrollo cualquier arrollo.

En toda la planeta permanecen los fuegos encendidos.

Las lenguas ancestrales suman sentido de manera exponencial y amplían el goce de la experiencia estética, determinante para la conexión. Las palabras son poder. Y las palabras propias son un mordisco del misterio que nos entrega una muestra desnuda de la regeneración constante de nuestros múltiples orígenes.

Yo también vi a un pescador que como Maui sacó del fondo a Baxter, para que pescara ánimos con el anzuelo veraz de su inspiración.

Yo también vi el cuarzo ancestral.

Rodolfo Lozano Muñoz


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